El Che, la última historia
Entrevista con Jon Lee Anderson
F
ue una investigación que implicó casi tres años con residencia permanente en Cuba. Otros dos años viajando por Europa, Rusia y Sudamérica, incluidos varios meses de estadía en la Argentina. Jon Lee Anderson recorrió el mundo y se sumergió en el círculo más íntimo de Ernesto Che Guevara, accedió a documentos y textos nunca divulgados sobre su vida y logró escribir una biografía que, según The New York Times, es la más completa y definitiva que se haya escrito hasta ahora sobre el Che. El libro Che Guevara, a Revolutionary Life se ha publicado en inglés, portugués, alemán y español. A los cuarenta años, y radicado desde hace dos en Granada, España, Anderson cree haber logrado su objetivo: atravesar el mito y llegar al hombre verdadero. Eso, al menos, es lo que declaró durante esta entrevista que, a mediados de 1997, concedió al diario Clarín, de Argentina
¿Por qué una biografía del Che Guevara?
Entre 1988 y 1991 trabajé en un libro sobre los grupos insurgentes alrededor del mundo. Lo que hice fue investigar las diferencias y similitudes entre estos grupos y analizar un aspecto que siempre me había fascinado de ellos: qué es lo que hace que una persona deje la sociedad a la que pertenece, y con un ideal en la cabeza empuñe un arma para matar y morir. Para hacer ese libro, que se llamó Guerrillas, viajé a lugares inverosímiles como Birmania, Sahara Occidental, Gaza, El Salvador, y en todos estos lados me tropezaba con la figura del Che. En Birmania, por ejemplo, encontré en la selva asiática a jóvenes que estudiaban el manual Guerra de Guerrillas del Che Guevara. En Afganistán me crucé con un comandante guerrillero anticomunista, pero que llevaba una foto del Che en su billetera. Y ni hablar de El Salvador. Allá había una chiquilla de 16 años en la montaña, y le comencé a hablar de su vida. Me contó que su padre le escribía cartas donde le aconsejaba mucho que tratara de recordar siempre los valores y los principios del Che. "Trata de ser como él", le decía. Y cuando ella hablaba del Che, lo hacía con tanta emoción que parecía que se refería a un dios. Ese encuentro fue definitivo para mí. El Che estaba rondando por demasiados lados, ¿cómo podía ser? Entonces empecé a indagar. Fue así como descubrí que casi todo lo que se había escrito sobre el Che había sido publicado inmediatamente después de su muerte, entre el 67 y el 70, al calor de la noticia. La mayoría de estos textos fueron de amigos que lo endiosaban o de detractores que lo convertían en un demonio, se repetían y tenían muy pocas fuentes.
Entonces decide viajar a Cuba...
En realidad, hice una aproximación lenta. Cuando comencé la investigación yo estaba radicado en Inglaterra, y desde allí hice dos viajes de acercamiento. Primero presenté mi propuesta formal de investigación ante las autoridades, y fue aceptada. Pero uno es aceptado sin saber hasta dónde le dejarán llegar, qué puertas le abrirán.
Y más tratándose de un estadounidense.
¡Imagínate! Yo luzco como estadounidense, machuco el español como un tipo estadounidense... Pero como he llevado una vida bastante sui generis, he vivido por todo el mundo y he estado más tiempo fuera que dentro de mi patria, mi esperanza era que todos esos antecedentes sirvieran de alguna forma en Cuba.
¿Había un control oficial sobre su trabajo?
Bueno, al final todo terminó siendo bastante informal. Pero después que habían aprobado mi proyecto de investigación y visité por primera vez Cuba, el gobierno me asignó a un tipo para que me acompañara. Era el encargado de Instituto Histórico del Comité Central, y él me llevó por dos semanas alrededor de Cuba, me acompañó a entrevistar personas... pero yo sentía que no estaba conectándome con quienes habían formado parte del círculo íntimo del Che. Y este hombre además era más fidelista que guevarista, y realmente no tenía mucho contacto con lasa personas que yo buscaba. Por ejemplo, no tenía mucho acceso a la viuda del Che. Pero hubo un hecho que cambió las cosas: este hombre terminó suicidándose, y cuando hice mi segundo viaje a la isla me asignaron a otro hombre un oficial que se presentaba como "enlace de mi proyecto", que tenía más contacto con el grupo de Guevara. Fue él quien habló con Aleida, la viuda del Che, y a través de su gestión ella accedió a verme. Ahí sentí que estaba tocando la puerta principal de mi investigación, porque su testimonio, aunque era el más obvio, estaba ausente en todas las historias escritas sobre el Che.
¿Hubo alguna resistencia por parte de ella?
Es que ella era una incógnita. Está muy protegida y siempre fue muy difícil acceder a ella. Yo fui a verla con todo para ganar o perder. Cuando finalmente estuve frente a ella, le hice todo mi discurso pidiéndole su ayuda. Ella se limitó a escuchar, sin darme ninguna señal a favor o en contra. Yo estaba muy conciente que venía a escribir sobre un revolucionario antiimperialista, con toda esa carga encima. Como no dedecía nada, al final le pregunté: "Bueno, para hacer esto voy a necesitar su ayuda. ¿Me la va a dar?". Y Aleida, con una voz distante, me dijo que tal vez cooperaría conmigo. Pero necesitaba un compromiso más concreto de su parte. Entonces le dije: "¿Me va a dar suficiente cooperación como para que yo decida venir a radicarme aquí con mi familia?". Y otra vez, sin dejar de poner cierta distancia, me respondió que sí. Yo sabía que para lograr traspasar el mito y conseguir al Che Guevara de carne y hueso que me aludía, necesitaba instalarme en Cuba: sólo así ellos empezaron a sentirse más cómodos conmigo.
Pero no sabía si la jugada le iba a dar resultados.
Claro, era como caminar sobre una cuerda floja. Pero con ese "sí", yo regresé a Inglaterra, busqué a mi mujer y a mis tres hijos uno de ellos acababa de nacer y me instalé en La Habana. A partir de ahí me impuse un reto: no iba a escribir nada y no debía escribir nada hasta que no sintiera que había palpado al hombre real, al verdadero Che Guevara. Fue así que al cabo de esos tres años, el cordón defensivo que estas personas habían construido alrededor de su viejo amigo comenzó a ablandarse. Empezaron a considerarme como uno más del grupo; ya las anécdotas eran más sueltas y la realidad comenzó a vislumbrarse.
¿Cómo accedió a los diarios y cartas inéditas del Che?
También a través de su viuda. Con el tiempo Aleida me tomó más confianza. Llegamos a tener un contacto fluído, a veces almorzábamos juntos o nos pasábamos la tarde charlando. Ella tiene en su poder muchos de los diarios y escritos que dejó el Che que nunca fueron divulgados. Están todos en su biblioteca, y ella me permitió pasar muchas horas allí para poder revisarlos y estudiarlos. Entonces pude tener ese acceso tan anhelado por mí a textos que yo sabía que existían y que correspondían a partes muy importantes de su vida.
¿Qué era lo que más le intrigaba de la figura del Che?
Bueno, yo partí de dos preguntas centrales que fueron las que impulsaron todo mi trabajo. La primera comienza con su vida. ¿Qué hizo que Ernesto Guevara de la Serna, nacido en el seno de una familia argentina de clase media-alta, con todos los lazos y posibilidades sociales que tenía, se convirtiera en el revolucionario más implacable y carismático de nuestra época? Y la segunda pregunta es la que termina su vida. ¿Qué hizo que este hombre, a los 36 años y siendo conocido mundialmente, dejara posiciones ministeriales, honores, títulos y familia, para volver a una vida clandestina y morir como murió en el monte? Creo que pude responder estas preguntas a través de la confianza del círculo íntimo de gente que lo acompañó en su pasaje por la vida y, también, a través de sus propios textos.
¿Cómo hizo para no dejarse seducir por el personaje?
Tratando de ser lo más objetivo posible. Nunca es fácil escribir una biografía, y tratándose de alguien como el Che Guevara, es doblemente difícil. La figura del Che se ha alzado como una figura emblemática para personificar o publicitar los valores revolucionarios. Cuando yo comencé la investigación, el Che era un tipo que, por ejemplo, no tenía ni una verruga, que nunca había tenido sexo en su vida, todo eso. Era un fetiche total. Todos se referían a él como un ser perfecto. Tuve que romper muchas barreras para encontrar al hombre de verdad.
¿Qué descubrió acerca de ese otro Guevara?
En la biografía que yo he escrito aparece el Che en todas sus facetas, con cosas que a lo mejor van a hacer sentir incómodos a muchos. Por ejemplo, que cuando era joven era un poco mujeriego, que era descuidado en su aspecto personal, que ejecutó gente hay cosas que sus amigos preferirían que no hubiese puesto par dejarlo intachable. Ellos tienen que comprender, porque además nunca los engañé. Yo iba poor Cuba con una especie de slogan, que repetía una y otra vez con determinismo consciente: La única lealtad que tengo es la de escribir la verdad sobre el Che Guevara.
¿Pudo entrevistarse con Fidel Castro?
No quiso hablar conmigo. Durante estos años de trabajo, y sobre todo mientras viví en Cuba, siempre venía alguien cercano a él que me decía: "A lo mejor lo vas a poder ver". La intención de encontrarse con Fidel siempre estuvo implícita. Incluso hace unos meses, con la biografía a punto de imprimirse, viajé a Cuba y le pregunté a alguien muy cercano a él si podía verlo. Esa persona me respondió: "Después de que se publique tu libro, creo que sí te va a recibir". Y sé que no me lo hubiera dicho si no tenía la autorización expresa de Fidel.
¿Sabe si ya leyó la biografía?
Me imagino que sí. Yo se la envíe a través de alguien que sé que iba a encontrarse con él. En la dedicatoria le puse: "Este es el libro que escribí sobre su viejo compañero. Espero que lo encuentre objetivo, ya que esa fue mi intención. Reconozco que en el libro hay una voz ausente, que es la suya. Si le complace, en el momento que usted crea conveniente, me interesaría escuchar esa voz". Así que aquí estoy, esperando.(La Hoja Latinoamericana, Nr. 2, Uppsala, sep.-oct. de 1998)